Cuando la paz de Basilea, firmada el 5 de octubre de 1795, puso fin a la lucha de la segunda coalición, Kant había terminado entonces su Metafísica del derecho. Admiraba la revolución, la amaba, estaba penetrado de ella. Sus biógrafos cuentan que una sola vez, durante su larga vida, sus vecinos le vieron correr por la calle: el día en que el correo llevaba de París a Königsberg la declaración de los derechos.